Vivimos de modo trepidante.
Mas debéis tomar el paso del tiempo
como cosa sin importancia
entre lo que para siempre permanece.
Lo que transcurre aprisa
pronto ha de pasar,
tan sólo lo que queda
nos inicia.
No pongáis, oh muchachos, vuestro arrojo
en la velocidad,
ni en el empeño de volar.
Las cosas son morosas:
oscuridad y claridad,
la flor y el libro.
Rainer Maria Rilke
Traducción de Carlos Barral
jueves, 28 de noviembre de 2013
Lo que transcurre aprisa
Etiquetas:
Ecos,
El paso de los días,
Poesía
miércoles, 16 de octubre de 2013
La vejez de la nostalgia
Aquellas horas dedicadas a disfrutar del brillo de un futuro imaginado, dejándose llevar en corrientes de promesa por un amor o una pasión tan fuertes que uno se sentía transformado para siempre y convencido de que incluso la partícula más pequeña del mundo circundante estaba cargada con un propósito de grandeza imposible; ah, sí, y uno levantaba la vista para ver los árboles y estremecerse con el río del follaje pálido y dorado desatado por el viento cayendo en cascadas, y con el cantar alto y melódico de innumerables aves; esos momentos, tantos y tan lejanos, todavía regresan, aunque brevemente, como luciérnagas en el calor perfumado de una noche de verano.
Mark Strand | Casi invisible, 2012
El texto pertenece al último (y magnífico) libro de poemas de Mark Strand: Almost Invisible, que ha sido publicado recientemente en España por Visor. La traducción es de Julio Trujillo. Muy recomendable. La fotografía que encabeza la entrada se titula Hat belonging to painter Andrew Wyeth on top of bed at home, Maine y fue realizada por Alfred Eisenstaedt en 1965.
Etiquetas:
Ecos,
Jardines lejanos,
Poesía
domingo, 13 de octubre de 2013
Encender una luz
Es mejor encender una luz que maldecir las tinieblas.
Confucio
Leído hace unos días en una hojita de calendario.
Etiquetas:
Ecos
viernes, 27 de septiembre de 2013
Planificar la vida
El otro día cayó en mis manos por casualidad el volumen 1 de Mafalda editado por Lumen, el pequeñito apaisado, tan manejable y gustoso. No me pude resistir y lo abrí de inmediato. Después de años de casi olvido (y eso que tengo el Todo Mafalda en la estantería), lo leí del tirón y me pareció tan fresco como entonces, cuando me encantaba y me sabía de memoria todas las tiras. Quino sigue siendo muy grande. Estas dos tiras me hicieron gracia y me dieron que pensar. La primera vez que las leí, en un volumen como éste que me prestó un amigo, tendría catorce o quince años y un mundo de descubrimientos por delante. La verdad es que siempre me identifiqué más con Felipe, que es mi personaje favorito. Me gusta su manera de planificar la vida. ¿Acaso hay otra?
sábado, 21 de septiembre de 2013
Recuerdos
Los recuerdos se mueven siempre por territorios difusos, casi fantasmales, a medio camino entre el olvido definitivo y la reconstrucción justificadora. Seremos lo que aún no ha ocurrido, pero somos la acumulación, a veces ruinosa, de lo sucedido. Al igual que un lector se enfrenta a cada novela con el bagaje irrenunciable de todas las ya leídas (el mismo libro es siempre diferente para cada lector), uno entiende el mundo cada día con la experiencia de lo que vivió. Nuestros recuerdos van moldeándose con el transcurso de los días. Con cada decisión del presente reconstruimos de algún modo el pasado, que nunca está quieto: cambia con nosotros, aunque no nos demos cuenta. El pasado real ya no existe. Nuestro pasado, el que de verdad nos importa, es nuevo en cada instante.
¿Qué hay entonces de real en nuestros recuerdos? ¿Eran así el tono de su voz, el brillo de sus ojos o la calidez de sus muslos? ¿Realmente estuve en aquel río? ¿Cómo empezó todo? ¿Fue culpa mía que terminara? ¿Dije realmente eso? Algunos recuerdos levantan un dedo acusador desde el pasado y contra ellos poco podemos hacer. Quizá esperar que se diluyan. Otros, en cambio, nos ofrecen lugares seguros contra la tormenta, como refugios construidos para aliviarnos en tiempos de zozobra. Los necesitamos: somos replicantes que necesitan pasado para saberse vivos.
Montículos de polvo acumulado que dejan entrever unas formas imprecisas que interpretamos a nuestro gusto, complacientes o crueles con nosotros mismos, satisfechos o siempre anhelantes de más. Y, cuando parece que nos acercamos a lo que se oculta debajo, una ráfaga de viento (alguien abrió la ventana) los levanta y vuelta a empezar. El blanco y negro de las fotografías es la argamasa que nos devuelve su realidad. Los recuerdos, como la literatura, nos mienten siempre, pero sus mentiras son piadosas porque pretenden hablarnos de las verdades que importan.
Etiquetas:
Recuerdos
sábado, 24 de agosto de 2013
F de faro
Como todos los veranos, el niño mira con fascinación el faro. Imagina su interior: vidas desconocidas, tesoros tras una puerta, penumbra, soledad. Escaleras interminables y retorcidas que conducen a la luz, conversaciones en voz baja, humedad que cala los huesos y los sentimientos. Mapas llenos de cifras y escalas, unas gafas olvidadas en una repisa y un barco que se intuye lejano en la oscuridad del mar. Olor a salitre y a óxido. Julio Verne, Joyas Literarias Juveniles, Tintín y Chaland. Persecuciones y besos entrevistos al ritmo de destellos fantasmales en una noche de tormenta. Nunca ha entrado en su interior, pero sabe mejor que nadie todo lo que allí se oculta. Lo imagina cada verano mientras las sombrillas al viento alegran la playa cercana.
Cuando, pasado el tiempo, vuelva allí, el faro le devolverá intacta, convertida ya en nostalgia, aquella mirada infantil que se perdió en el día a día y tan inútilmente ha buscado desde entonces. Un simple destello en la noche, como una voz lejana, le recordará que allí, entonces, el mundo estaba bien hecho y aún era posible la aventura.
Etiquetas:
Alfabeto de verano,
Faros,
Infancia
martes, 20 de agosto de 2013
Retorno
Tu imagen melancólica
en el cristal tan tenue
borrada por la lluvia
es la imagen de un niño
que aún se asoma a su adentro
buscando a tientas la quebrada imagen
de lo que quiso ser.
José Ángel Valente | Fragmentos de un libro futuro, 2000
Etiquetas:
Ecos,
Infancia,
Jardines lejanos
sábado, 20 de julio de 2013
Melancolía
Creo que la melancolía es, en suma, un problema musical: una disonancia, un ritmo trastornado.
Alejandra Pizarnik
Etiquetas:
Ecos,
Otras vidas
viernes, 19 de julio de 2013
El fantasma interior
No es necesario ser una habitación
para estar embrujada,
no es necesario ser una casa.
El cerebro tiene pasillos más grandes
que los pasillos reales.
Es mucho más seguro encontrarse a medianoche
con un fantasma exterior
que toparse con ese gélido huésped,
el fantasma interior.
Más seguro correr por una abadía
perseguida por las sepulturas
que, sin luna, encontrarse a una misma
en un lugar solitario.
Nosotros tras nosotros mismos escondidos,
lo que nos produce más horror.
Sería menos terrible
un asesino en nuestra habitación.
El prudente coge un revólver
y empuja la puerta,
sin percatarse de un espectro superior
que está más cerca
Emily Dickinson | El viento comenzó a mecer la hierba
La traducción, de Enrique Goicolea, pertenece a la reciente antología poética publicada bajo el título El viento comenzó a mecer la hierba (Nórdica, 2012). Como se trata de una edición bilingüe, dejo abajo el texto original, por aquello de las traducciones. Sirva como un ejemplo más de lo complejo que es traducir cualquier texto literario, especialmente un poema.
One not need to be a Chamber ─ to be haunted ─
One need not to be a House ─
The Brain has Corridors ─ surpassing ─
Material Place ─
Far safer, of a Midnight Meeting
External Ghost,
Than an interior Confronting ─
That Cooler Host.
Far safer, through an Abbey gallop,
The Stones a'chase ─
Than Unarmed, one's a'self encounter ─
In lonesome Place ─
Ourself behind ourself, concealed ─
Should startle most ─
Assassin hid in our Apartment
Be Horror 's least.
The Body ─ borrows a Revolver ─
He bolts the Door ─
O'erlooking a superior spectre ─
Or More ─
Etiquetas:
Ecos,
Otras vidas,
Poesía
domingo, 14 de julio de 2013
E de escotes
Territorio por excelencia de lo femenino, se ofrecen, como por descuido, en el instante menos pensado. Conviene estar alerta. Con suave y rumoroso vaivén, despliegan ante ti sus encantos antiguos, siempre irresistibles a la mirada. Bellas desconocidas que se cruzan unos segundos en tu vida, pensativas en el asiento del metro, cargadas de bolsas junto a un semáforo, inclinadas sobre la mesa de un café, junto a los estantes de novedades de una librería, en la sala oscura de un museo, y te llevan, en el calor de la mañana, por senderos en sombra junto al río. Su arma secreta es la insuficiencia de la mirada, que desciende, curiosa, gruta abajo y, espeleóloga de cuerpos, quiere saber siempre qué hay más allá. Escotes temblorosos, apretados o sueltos, que apuntan rebeldes al cielo o, sabiéndose observados, se dejan acariciar en un juego cálido e inocente de miradas. Tirantes sueltos, camisetas ajustadas, vestidos vaporosos, botones entreabiertos. De alguna manera vaga pero segura, conforman un imaginario colectivo del deseo, la metáfora suprema de la juventud y la belleza. Invasión silenciosa, están por todas partes y han venido para quedarse. El verano es su territorio. Es inútil resistirse.
Etiquetas:
Alfabeto de verano
Suscribirse a:
Entradas (Atom)












