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martes, 10 de junio de 2014
viernes, 27 de septiembre de 2013
Planificar la vida
El otro día cayó en mis manos por casualidad el volumen 1 de Mafalda editado por Lumen, el pequeñito apaisado, tan manejable y gustoso. No me pude resistir y lo abrí de inmediato. Después de años de casi olvido (y eso que tengo el Todo Mafalda en la estantería), lo leí del tirón y me pareció tan fresco como entonces, cuando me encantaba y me sabía de memoria todas las tiras. Quino sigue siendo muy grande. Estas dos tiras me hicieron gracia y me dieron que pensar. La primera vez que las leí, en un volumen como éste que me prestó un amigo, tendría catorce o quince años y un mundo de descubrimientos por delante. La verdad es que siempre me identifiqué más con Felipe, que es mi personaje favorito. Me gusta su manera de planificar la vida. ¿Acaso hay otra?
jueves, 11 de julio de 2013
Por allí resoplan
Seguimos con referencias literarias en los cómics. Ellos también leen. Aquí Calvin se transforma en capitán Ahab nada más meterse, obligado por su madre, en la bañera. Si hay algo que nos entusiasma a los lectores de la tira es la imaginación con la que nuestro pequeño amigo aborda algunos de los aspectos más ingratos de su realidad cotidiana. La escuela se convierte en un inmenso vacío interestelar surcado por el capitán Spiff, y la señorita Carcoma en un monstruoso alienígena. La comida deja de ser verdura aburrida y a la hora de dormir, demasiado temprano, siempre hay monstruos bajo la cama. Si la realidad es ingrata, nada mejor que crear otra, aunque, a veces, el intento salga caro.
Aquí tienes la tira completa, una de las primeras páginas dominicales de la serie.
Y, ya puestos, otra referencia literaria. En este caso, Caperucita Roja. Alguien me contó una vez que cambiaba los finales de algunos cuentos infantiles porque le parecían muy crueles para los niños (sic). Ni Calvin ni Hobbes estarían de acuerdo.
Y algunos ejemplos más de la imaginación de Calvin (y de Watterson).
Todas estas tiras pertenecen al libro Calvin y Hobbes para principiantes, de Bill Watterson, editado por Ediciones B. Para mí es la mejor tira de prensa jamás dibujada. Releerlo en verano es una auténtica delicia.
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jueves, 30 de mayo de 2013
Vida mil estrellas
Propósito de finales de mayo. Ahora que se acercan las noches de verano, parar el tiempo y salir a la terraza a contemplar las estrellas. ¿Cuánto ha pasado? Sentir el vértigo, el pánico astral, que sentían el Mochuelo y el Moñigo. Descubrir esa perfección pitagórica de la que habla con tanta elegancia Fray Luis. Acordarte de aquel niño contador de estrellas y comprobar que, como Dámaso Alonso, ya estás algo cansado y, aunque lo intentas, no puedes seguir su ritmo, no puedes alcanzarlo.
Hay placeres tan sencillos y plenos que casi olvidamos su existencia. Escuchar música a oscuras, caminar junto al río, tocar la corteza de un árbol o repasar las páginas de uno de estos macanudos de Liniers, donde cada tira es un hallazgo. Excelente dibujo y mejor universo. Aunque a mí me gustaría ser el gato Fellini, reconozco que Enriqueta sigue tan lúcida como siempre. Yo, como ella, también quiero una de esas vidas mil estrellas.
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miércoles, 27 de marzo de 2013
Deseo de Miércoles Santo
Volver al niño que leía tebeos sin parar mientras su tigre de peluche le hacía los deberes de Semana Santa. Gracias, Calvin (y Hobbes). Y Watterson.
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miércoles, 6 de febrero de 2013
domingo, 4 de noviembre de 2012
Huellas
Las primeras nieves de la vida. Los caminos están sin hacer y las huellas se borran con facilidad. No hay destino. No importa el tiempo. La memoria no se pierde en laberintos ni quimeras. Risas, calor y montones de tebeos. Domingos por la mañana. Campanas. Mostradores de pastelería. Verano en pleno invierno. Y cada paso, cada invento, deja una muesca escondida, un desconchón inadvertido en la pureza del blanco. Huellas invisibles que van marcando, poco a poco, el sendero.
Ilustración | Calvin and Hobbes, de Bill Watterson
miércoles, 19 de septiembre de 2012
Teorías del otoño
Me gusta esta ilustración de Grant Snider. En su blog, Incident Comics, se pueden encontrar auténticas maravillas, muchas de ellas relacionadas con la lectura y los libros. Por ejemplo, sobre libros abandonados en la calle: Stray Books. O sobre lecturas de verano: Required Summer Reading. Ingenio, humor, sensibilidad y un dibujo tan sencillo como atractivo. Merece la pena dedicarle un rato.
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sábado, 26 de mayo de 2012
El plus de la infancia
Quizá ahí esté el secreto. Vivir sin ensayo previo, sin miedo a ir más lejos. Abrir puertas sin pensar que las dejamos abiertas a nuestra espalda. Caminar sin recuerdos que nos digan qué hicimos mal. La viñeta es del gran Liniers, cuyo Macanudo, medio poético, medio surrealista, siempre personal y experimental, te recomiendo. Para mí cada nuevo libro es un disfrute. El dibujo y la composición son una delicia y detrás hay mucha vida. En España lo publica Reservoir Books y ya han aparecido siete volúmenes. Si te gustaron Mafalda y Calvin y Hobbes, te puede interesar.
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jueves, 3 de mayo de 2012
La lectura desatada
El placer de empezar y acabar un libro. Leer como en la adolescencia, todo el día, de un tirón, con todo desaparecido alrededor. Pasar las páginas sabiendo que hay un trozo de vida a la que no vas a volver, que en cada línea has perdido algo. Mentiras que te llevan a verdades. Soledad acompañada. Ventanas, caminos, penumbras. Cerrar la puerta, al fin, con resolución, como el último beso de una pasión que sabíamos que no duraría para siempre. Lecturas desatadas. Olvidamos los detalles y nos queda la añoranza, como dijo Emma.
Ilustración de Liniers.
lunes, 23 de abril de 2012
domingo, 15 de abril de 2012
viernes, 6 de abril de 2012
jueves, 5 de abril de 2012
miércoles, 4 de abril de 2012
sábado, 31 de marzo de 2012
Otros mundos
Hace unos días la NASA dio a conocer unas impresionantes imágenes de Mercurio, el planeta rocoso más pequeño y cercano al Sol. Fueron tomadas por la sonda espacial Messenger, situada en órbita desde hace ahora un año. Según leo en la prensa, se trata de una nave pequeña, de poco menos de un metro de alto, lanzada en el verano de 2004. Antes sólo la Mariner 10 había visitado ese mundo tan desolado. De eso hace ya bastantes años, tantos que, por entonces, 1975, comenzaba yo el BUP y soñaba, como tantos otros, con la serie de televisión Espacio 1999. Da vértigo pensar cómo este artefacto terrícola ha atravesado el espacio mediante complejos cálculos gravitacionales y ha llegado hasta Mercurio cargado de instrumentos que permitirán su estudio detallado. Para algunos será el momento de la ciencia, del análisis de los datos: temperaturas, orografía, magnetosfera, estructura interna. Otros, en cambio, abriremos nuevas puertas en esos mundos que tanto nos han gustado desde pequeños. La ciencia no limita nuestra imaginación, simplemente le abre nuevos caminos. La edad tampoco la limita, sólo la concentra. Da vértigo también pensar en el tiempo que ha pasado y en cómo ha cambiado todo. Hasta el mítico año 1999, el que daba nombre a la serie, quedó atrás. El mundo es ahora distinto, pero no mejor. Basta salir a la calle para comprobarlo. Quizá ni sea necesario salir.
Siempre me han gustado esos otros mundos. De niño, uno de los libros que más disfruté se titulaba El Universo. Aún lo conservo. Era uno de esos libros que regalaban a los padres en alguna caja de ahorros provincial. Creo que allí se despertó mi interés por estos temas, que me han acompañado siempre. La información era básica, pero sugerente. A falta de fotografías, estaban sus estupendas ilustraciones, que te hacían imaginar el suelo de Venus o la vida estable en la Luna o el color de los atardeceres en Marte. O la oscuridad de los confines del Sistema Solar. El color siempre ha gustado más que los datos.
Cada uno podría hacer su propio viaje personal por esos otros mundos. El mío parte de ese libro y está lleno de paradas. Sería imposible reseñarlas todas. Me limitaré a las iniciales, a las que me hicieron amar la ciencia ficción. Los tebeos han estado siempre. El primero de todos Flash Gordon, dibujado con tanta elegancia por Alex Raymond (y más tarde por el gran Dan Barry), tan mal editado siempre en España. En su compañía llegamos a planetas extraños, habitados por seres diversos que tenían nuestros mismos bajos instintos y también nuestras lealtades. Meteoritos, mundos pantanosos, los reinos de Mongo, Arboria, Zarkov, el malvado Ming y, sobre todo, la hermosa Dale Arden, cuyo beso final esperábamos. Ni el cine ni la televisión han comprendido Flash Gordon. Es un mundo de tebeo y sólo ahí tiene sentido. Está bien que sea así. Pocas veces ha habido un dibujo tan sensual como el de Alex Raymond. En aquella época leía la edición de Buru Lan que me pasaba regularmente mi mejor amigo. Lecturas repetidas como un ritual veraniego, creciendo con nosotros cada año, comentadas hasta saber de memoria cada viñeta, cada pliegue del ligero vestido de Dale Arden.
Con Tintín pisamos la Luna a página completa. Un buen día nos montamos en su cohete, convertido hoy en icono, y nos reímos con las barbas crecientes de Hernández y Fernández, tropezamos con el profesor Tornasol y escondimos la botella de whisky de Haddock en un tratado de Astronomía. Allí había grutas resbaladizas con hielo y espías internacionales que parecían rusos. La Guerra Fría. Y lo mejor era que Milú llevaba su propio traje espacial. Todavía guarda nuestra retina los cuadros rojos y blancos del cohete. Más tarde llegarían los superhéroes Marvel y el recientemente fallecido Moebius, un planeta en sí mismo. Y mil puertas más que se abrieron de golpe cuando al tebeo se le llamó cómic.
La televisión y el cine dieron movimiento a esos otros mundos. Alucinábamos con los trajes espaciales de la serie Espacio 1999, que, vistos ahora, no dejaban de ser pijamas acampanados al más puro estilo años 70. Cada capítulo, tras nuestra salida apresurada de clase, era un mundo que comentábamos con deleite al día siguiente. Naves espaciales, encuentros con extraterrestres y gadgets variados. Las pistolas y los comunicadores eran impresionantes. Parecía que el año 1999 no llegaría nunca. Del cine me obligo a elegir sólo tres paradas. Creo que lo tengo claro. La primera es Ultimátum a la Tierra (Robert Wise, 1951), una de las primeras películas que vi en televisión. El extraterrestre Klaatu trae un mensaje de paz para la humanidad, muy dividida, incapaz de ponerse de acuerdo. La clave 'Klaatu barada nikto' es ya todo un clásico y el rayo óptico de Gort, el robot metálico, helaba al más pintado. No hace mucho volví a verla y me encantó. La segunda es otro clásico: Planeta prohibido (Fred M. Wilcox, 1956), inspirada en La tempestad de William Shakespeare. En ella encontramos la presencia del que seguramente sea el robot por excelencia de la ciencia ficción: Robby, inspirador en su diseño de otros muchos. Tripulaciones, monstruos invisibles, campos de fuerza, científicos malvados (Morbius) y una hermosa joven criada al margen del mundo. Utopías dañinas. La tercera parada son todas esas películas de serie B, tan entrañables siempre, devoradas los sábados por la tarde, llenas de alienígenas, planetas perdidos y falsas tecnologías más o menos verosímiles. Más tarde llegarían Alien (1979) y Blade Runner (1982), ambas de Ridley Scott, que marcaron un antes y un después.
Y la literatura. Todo un mundo descubierto después. Imposible hacerle justicia ahora. Serían demasiadas paradas. Y muchas más puertas aún por abrir. Al margen de Verne, pionero como siempre en casi todo, y su bala-cohete del Gun-Club, siempre estarán ahí los cuentos y las novelas de Philip K. Dick, un genio generador de mundos de ciencia ficción. El cine le debe mucho. O la narrativa de Ray Bradbury. Sin duda, Fahrenheit 451 (1953) y Crónicas marcianas (1950), están entre lo mejor que he leído. Nunca la ciencia ficción ha sido tan poética, ni ha hablado con tanta claridad de nosotros mismos, de nuestros impulsos destructivos y nuestro desprecio a los diferentes. Conquista, colonización, atardeceres, gasolineras abandonadas, fantasmas, melancolía. Futuros controvertidos. Algún día le dedicaré la entrada que se merece.
Hay quienes piensan que la ciencia ficción es sólo un modo más de huir de la realidad. No lo creo. La buena ciencia ficción nos habla de lo que somos, de nuestros miedos y nuestros deseos. Nos vamos fuera para conocernos mejor. Nos vemos desde lejos para comprender nuestros defectos y nuestras grandezas. Somos pequeños, muy pequeños. Y tiene delito que, después de tanto, no hayamos sido capaces de ponernos de acuerdo ni en lo más elemental: todos somos iguales, la Tierra es de todos, todos tenemos derecho a una vida digna.
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viernes, 30 de marzo de 2012
sábado, 5 de febrero de 2011
La biblioteca de Corto
Quizá no sea lo suficientemente mayor para dar consejos, pero sí lo soy para recibirlos. | Corto Maltés
Robert Louis Stevenson rumbo hacia la isla Escondida. Por poco no le escupí en un ojo a ese capitán. El pasado de nuestros amigos es algo que no debe importarnos. ¿Qué tengo que hacer para salir de esta oscuridad? Joseph Conrad. ¿Un tesoro lejano? Buenas noches, Esmeralda. Hermann Hesse. ¿Quieres venir conmigo? Me llamo Banshee. ¿Recuerdas? Traigo mala suerte. Louise. ¿Ve a aquellas espléndidas chicas vestidas solo con hojas? Pues vaya a hacerles compañía. ¡No hay que esperar al otoño, amigo Slütter! Samarkanda. ¿Cómo te llamas, hermoso cuervo? ¡Crow! ¡Crow! ¡Crow! Trenes siberianos. La Varsovia. Arcanos. ¿Quién me ha llamado a Stonehenge? La Rosa alquímica. Mabel. Con tantas medallas acabaré pareciéndome a una vieja y gloriosa bandera. Belcebú. Shamaël no tiene sombra. Prefiero cambiar de sueño. ¿Desde cuándo lees los libros secretos? Tiro-Fijo, Morgana y Boca de Oro. La logia Hermes. D'Anunzio. Buenos Aires y el tango. El encuentro con Jack London. No hay nada escrito. Nada que se tenga que escribir por segunda vez. Ese fantasma me sigue los pasos. Negra Gavilán. Kipling. Gibraltar, Wagner y Paracelso. He alquilado por unos días la Casita de los Rosales. Tonto, puedes alojarte en la mía. Klingsor. ¿Te has enamorado alguna vez? Su nombre no te diría nada. Viviana y Oberón. Los que miran las estrellas, La pensión Morfeo. Prefiero el desierto. El cementerio de Yeats. Irlanda. Tanganika. El Talmud, el Zohar y la Cábala. Adiós, Pandora. ¿Y si ella no quiere que la acaricie? El Monje. Siempre causa cierta sensación volver a casa. El mismo perfume de melocotón. Crane. Hipazia Teone. Tejados y tejados. Se dicen tantas cosas, querido amigo. Vanidad Dorada. Esta noche he tenido un sueño precioso, pero no te lo cuento. Muchachitas de sonrisas inquietantes. Shanghaï Lil. Los papeles de Byron están bien guardados. ¿Qué querrá decir bajo la luna? Madame Java. La Gran Mongolia y los leones de San Marcos. Allí donde cae, la felicidad se extiende rápidamente a su alrededor. Bang. Se diría que te matas a ti mismo, pero no es un suicidio. Ya vuelve la niebla.
Uno de los lugares más mágicos, de hecho, el más mágico para mi fantasía, mi mundo y mi educación occidental, es definitivamente Irlanda. A través de los cuentos más modernos, los poemas de Yeats, los cuentos de Joyce que hablan de este mundo irlandés fantástico habitado por pequeños hombres verdes, por hojas y piedras que hablan. Todo en el mundo celta está activo: las piedras narran, los cielos narran, la hierba, los animales, todo se vuelve importante. Viajé a Irlanda para redescubrir estas cosas. Estas son las piedras de Cliff: aquí no se habla ya, no hay nada más que decir, solo se observa. Cliff es un punto de retorno. Aquí se regresa siempre. | Hugo Pratt
Soy un escritor. Un tipo que hace literatura. Un fantasioso. Salvo que la manera que yo tengo de escribir es dibujando. | Hugo Pratt
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