viernes, 24 de noviembre de 2023
La vida
jueves, 16 de noviembre de 2023
Recuerdo infantil
jueves, 9 de noviembre de 2023
Mañana me voy
El punto de partida de este libro es una caminata de varios días por el norte de la provincia de Soria, pero ya desde las primeras líneas queda claro que ofrece mucho más. El narrador pasa con facilidad de la descripción impresionista del paisaje y los pequeños incidentes del camino al análisis de su interior y a la reflexión sobre los temas que le preocupan: la escritura, el yo, las heridas del pasado, la soledad, el ruido de la civilización mal entendida.
miércoles, 16 de noviembre de 2022
La casa de mis sueños
viernes, 12 de agosto de 2022
Aunque es de noche
El propio Landero, en el magnífico libro antes citado, lectura imprescindible para cualquier amante de la literatura y la vida, nos decía:
Cuando uno no sabe qué escribir, cuando la imaginación flaquea, cuando el alma se apaga y se embrutecen los sentidos, y cuando aun así uno siente la necesidad de escribir, siempre queda la posibilidad de abandonarse a los recuerdos. En nuestro pasado está todo lo que necesitamos para encender el fuego de la inspiración. Hasta la fantasía tiene su casa en la memoria. No escribas lo que sientes, escribe lo que recuerdas y dirás la verdad, como decía no recuerdo quién.Los recuerdos, la oscuridad, la memoria.
Al hilo de todo esto, he recordado un poema compuesto por San Juan de la Cruz hacia 1578, un poema que parece menor comparado con los tres grandes, pero que tiene una profundidad sorprendente a poco que se lea con cuidado. Si alguien sabe de oscuridad interior y de iluminación es él. El simbolismo es tan sugerente que podemos aplicarlo a muchos aspectos de la realidad, por ejemplo a lo literario, al enigma de la creación literaria. El poema, que reproduzco completo pese a su extensión (no me atrevería a acortarlo), nos confiesa:
Que bien sé yo la fonte que mana y corre,
aunque es de noche.
Aquella eterna fonte está escondida,
que bien sé yo do tiene su manida,
aunque es de noche.
Su origen no lo sé, pues no le tiene,
más sé que todo origen della viene,
aunque es de noche.
Sé que no puede ser cosa tan bella,
y que cielos y tierra beben della,
aunque es de noche.
Bien sé que suelo en ella no se halla,
y que ninguno puede vadealla,
aunque es de noche.
Su claridad nunca es oscurecida,
y sé que toda luz de ella es venida,
aunque es de noche.
Sé ser tan caudalosos sus corrientes,
que infiernos, cielos riegan y las gentes,
aunque es de noche.
El corriente que nace de esta fuente
bien sé que es tan capaz y omnipotente,
aunque es de noche.
El corriente que de estas dos procede
sé que ninguna de ellas le precede,
aunque es de noche.
Aquesta eterna fonte está escondida
en este vivo pan por darnos vida,
aunque es de noche.
Aquí se está llamando a las criaturas,
y de esta agua se hartan, aunque a escuras,
porque es de noche.
Aquesta viva fuente que deseo,
en este pan de vida yo la veo,
aunque es de noche.
sábado, 19 de junio de 2021
Ese tiempo
jueves, 8 de abril de 2021
Límites del bosque
miércoles, 10 de febrero de 2021
Pretérito indefinido
Un tiempo indefinido. ¿Qué tiempo no lo es? ¿El de hacerse mayor? ¿El que separa el otoño del invierno? ¿La salud de la enfermedad? ¿El amor de la indiferencia? ¿La amistad de la distancia? ¿El tiempo de hacerse más mayor aún? ¿El de los recuerdos? La vida se conjuga siempre con colores degradados. El entretiempo es su única estación.
Fulgores de una época en que los libros, pintados de colorines, aún olían a inocencia y sus tablas de letra pequeña (ahora imposible) nos advertían de algo lejano pero seguro: amarás, temiste, has partido.
jueves, 4 de junio de 2020
Espejo oscuro
Muy tarde, de madrugada. No sé si el espejo vibra porque quiere llamar mi atención o quiero que el espejo vibre para llamar su atención. Al otro lado, un mundo de sombras en un mundo de sombras. La noche de la noche. Quietud y vibración. Oscuridad.
sábado, 30 de mayo de 2020
Palmera Oro
Siempre me dio miedo entrar en aquel lavadero. Un escalofrío acompañaba el inconfundible olor a humedad y gato, que intuía agazapado en lo oscuro. Solo un ventanuco iluminaba el recinto. Ninguna bombilla en el techo. Para ver algo, tras la intensa luz del patio, debía esperar. Un amontonamiento de objetos inservibles iba saliendo de su mundo espectral y se formaba ante mis ojos, todos ellos mezclados en mi imaginación de pocos años con ratas, jaulas y colchones viejos. La marca en el tejado era de un árbol caído que soliviantó a mis padres de madrugada, según les gustaba contar.
Pero aquella tarde el cielo estaba azul y la tormenta, si existió, no era más que un hilo perdido en la memoria de mi madre. Además, mi misión estaba clara, al menos así lo entendí yo: rebuscar en el cajón de herramientas y traer con mucho cuidado un sobre de cuchillas de afeitar «Palmera». No se te ocurra abrirlo, me insistieron. Mi padre llevaba días ordenando viejas fotografías. Las colocaba en un álbum grande, de hojas ya entonces amarillas, vertical. Las disponía con mimo, hacía marcas y cortaba el papel de modo que las fotos quedaban bien sujetas por las esquinas. Mientras lo hacía, guardaba silencio. Quizá, eso lo pienso hoy, iba cambiando de escenario con cada foto. Al fin y el cabo, un álbum familiar es solo eso. Un inventario de tiempo acumulado. Un tren de sombras cargado de pasajeros hoy para mí desconocidos.
En este mayo confinado e interminable, con el álbum de viejas fotos en la mesa iluminada de la memoria, me pregunto por todo aquello y me pongo a escribir para entenderlo.









