Otoño pálido.
Tras el fulgor dorado,
luz en tus ojos.
domingo, 25 de noviembre de 2018
jueves, 11 de octubre de 2018
Sueño primero
Recorres en cada sueño los patios traseros de la vida. Avanzas por una calle, quizá la de tu infancia. Caminas solo, creo. Todo parece estar donde estaba, pero la perspectiva es insólita. Alguien ha trazado un camino nuevo que divide tus recuerdos. Buscas un detalle donde reconocerte: el perfil de algún tejado, la cal de una esquina, el olor intenso del estanco. Los árboles se difuminan en un otoño saturado. Apenas se oye nada. Incluso la torre, tan familiar, parece ajena desde aquí. No hay nadie, pero no te sientes solo. La calle asciende y se pierde a lo lejos. El paisaje cambia. No hay exterior ni interior. Un cementerio al aire libre, hermoso y medieval. O el escenario de una antigua batalla. Ha llovido. Ningún sueño puede contener tanta paz. Piedras, cuestas, atardecer grisáceo. Una figura camina cerca. Silencio. Rocas encharcadas. Luz eterna. Ni alba ni crepúsculo. Tras la verja, un interior de arenisca. Bóveda baja. Luz dorada. Saeteras protegidas por extraños rostros de capitel románico, siempre de perfil. Quietud mineral. Piedra y contraluz son uno. Transparencia. Una cripta, tal vez. El interior de una tumba olvidada en mitad de un sueño. Aquí duerme la vida. Y agua. Lejana, apenas intuida. Bajamar infinita de arena sucia y rocas.
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Sueños
sábado, 14 de octubre de 2017
Impresión de otoño
Los pájaros se alejan, geométricos e imprevisibles, de sus sombras. Bajo los árboles, junto al Palacio de Justicia, sigo su vuelo incierto. Van y vienen. Se mezclan entre sí, convertidos ya, sombras y pájaros, en un imposible. Mediodía solitario. A mi lado pasa, cabeza baja y andar ligero, como de entre semana, una muchacha. Tirantes. Leve vestido veraniego. Pelo recogido. Zapatos bajos. Imágenes de una historia que no fue. Carnalidad de los recuerdos. Fulgor instantáneo de lo acabado. Vuelo improbable. La ciudad, casi vacía, se convierte en un decorado de la memoria, que la amuebla impredecible y antojadiza. Una viñeta de cómic con el horizonte levemente inclinado y el esbozo infantil de alguna nube, simples pellizcos de tinta en un cielo de colores desvaídos.
En la avenida, junto a los muros viejos del palacio, todo emprende su vuelo definitivo hacia la copas más altas, perdido ya el referente de las sombras. Los últimos destellos, oscuros, errantes, guían mis pasos y mis palabras.
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Construcciones fugaces,
El paso de los días,
Recuerdos
martes, 20 de junio de 2017
martes, 13 de junio de 2017
Tu cuerpo extendido
Cuando estoy ante la naturaleza pienso que es una forma de tu cuerpo extendido. Me fuiste enseñando despacio los caminos. Las comisuras de los labios que son uno de los más hondos lugares de tu identificación o reconocimiento. El cuello y su blancura. El secreto rumor de tu saliva. La cerviz que se comunica con tu sexo en un solo latido. La palma de tu mano. Tus pies. El vientre. El descenso hasta el vértice de ti, como animal de fondo. Vienes por los espejos de la noche. Si estoy ante la noche, pienso que es una forma de tu cuerpo. Vienes como de un oscurísimo saber que nadie te hubiera transmitido.
José Ángel Valente | Palais de Justice, 2014
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Ecos
sábado, 10 de diciembre de 2016
Lo que buscamos al leer
Lo que buscamos al leer es la revelación de ese hondo misterio que se oculta en nosotros mismos.
Juan Luis Panero | Leyendas y lecturas, 2006
jueves, 10 de noviembre de 2016
No son nube ni flor los que enamoran
Un manso río, una vereda estrecha,
un campo solitario y un pinar,
y el viejo puente rústico y sencillo
completando tan grata soledad.
¿Qué es soledad? Para llenar el mundo
basta a veces un solo pensamiento.
Por eso hoy, hartos de belleza, encuentras
el puente, el río y el pinar desiertos.
No son nube ni flor los que enamoran;
eres tú, corazón, triste o dichoso,
ya del dolor y del placer el árbitro,
quien seca el mar y hace habitable el polo.
Rosalía de Castro | En las orillas del Sar, 1884
Releo estos días con auténtico placer En las orillas del Sar de Rosalía de Castro y cada poema es un descubrimiento. Algunos han envejecido peor que otros y se les nota cierta retórica de época que acaba alejándolos de nosotros, pero en casi todos hay un mundo tan personal, tan íntimo, que uno sucumbe a su encanto a poco que le dedique algo de atención. Otros poseen una modernidad asombrosa, simbolista, desolada. Un viaje al mundo interior de Rosalía, a su «alma desolada y huérfana» para la que «no hay estación risueña ni propicia». No me cabe ninguna duda de que aquí está el germen de Machado y de Juan Ramón, más incluso que en Bécquer. Angustia interior («soledad de corazón sombrío» dice Machado), paisajes reales que se convierten en paisajes del alma, asonancias, pensamientos que vuelan inquietos sin poder detenerse nunca.
O la constatación, como en el poema que abre esta entrada, de que es en el interior insondable del poeta donde residen la belleza y el dolor. Aún quedan algunos años para que Juan Ramón, en un poema memorable de Piedra y cielo, despojado ya de referentes reales, casi abstracto, esencializado, se dirija a la belleza en estos términos:
¡No está en ti, belleza innúmera,
que con tu fin me tientas, infinita,
a un sinfín de deleites!
¡Estás en mí, que te penetro
hasta el fondo, anhelando, cada istante,
traspasar los nadires más ocultos!
¡Estás en mí, que tengo
en mi pecho la aurora
y en mi espalda el poniente
—quemándome, trasparentándome
en una sola llama—; estás en mí, que te entro
en tu cuerpo mi alma
insaciable y eterna.
Juan Ramón Jiménez | Piedra y cielo, 1918
martes, 2 de agosto de 2016
Ayer vi un fantasma
Madrugada. Tras regresar de un largo viaje, lees relajado en el sillón. La lectura te atrapa al instante. Todos abandonan Moscú ante la inminente llegada de las tropas francesas. Reanudar el libro te hace sentirte en casa. Entonces, una sombra se desliza por el espejo apagado de la televisión y cruza, indiferente y oscura, el cuarto, como diciendo: «Ya estás de vuelta, debo irme de aquí». Ni siquiera se gira para mirarte. Ignora que es tu primer fantasma. Te sientes como si hubieras usurpado un lugar que no te corresponde.
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Otras vidas,
Vida de espectro
martes, 5 de julio de 2016
Premisa
Brassaï | La marchande de ballons, París, 1931
Tenía razón Pierre cuando aseguraba que es preciso creer en la posibilidad de ser feliz para serlo.
Lev Tolstói | Guerra y paz, 1869
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Ecos,
Sobre la felicidad
sábado, 23 de abril de 2016
Libros
Si bien los viejos libros no los tenemos a mano, en nuestros corazones están escritos.
Friedrich von Schiller | Guillermo Tell, 1804
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