Contraté a un asesino a sueldo (Aki Kaurismäki, 1990) se desarrolla en Londres. Henri Boulanger (Jean-Pierre Léaud) es un oscuro empleado que acaba de perder su trabajo en la oficina de una depuradora de aguas. No tiene nada más. Vive solo, en un piso cochambroso con vistas a una pared de ladrillos. Apenas habla. Sus habilidades sociales no son muchas. Deprimido, falto de expectativas, sin nada más que hacer en la vida, decide suicidarse, pero su valor no es mayor que sus ilusiones, así que, tras varios intentos fallidos, toma la decisión de contratar a unos matones para que hagan el trabajo sucio. Decide convertirse en asesino de sí mismo. En algún momento próximo alguien vendrá y acabará con su vida. Mientras espera, conoce a Margaret (Margi Clarke), una florista por la que se siente atraído al instante. El problema ahora será localizar a los matones que contrató y hacerles ver que ha cambiado de opinión, pues el Honolulu Bar, donde contactó con ellos, ya no existe. En su lugar sólo hay escombros.
El Londres que encontramos en la película no es nada turístico. Eso, por supuesto, lo hace más atractivo. Interiores cochambrosos, hoteles venidos a menos, paisaje de chimeneas, solares derruidos de extrarradio, calles solitarias en que resuenan los pasos, bares de medio pelo con clientela escasa, patios interiores que dan a cementerios, oficinas en las que se acumulan los papeles y el polvo, establecimientos que guardan en su deterioro la memoria de tiempos mejores.
Rojos y verdes intensos en paredes desconchadas, reflejo de las vidas de sus personajes. Hieráticos, solitarios, callados, enfermos, desfavorecidos, miradas perdidas. Intuimos sentimientos fuertes, pero no los manifiestan. Están detrás. Miran y callan. Desconocemos su pasado. Historias contadas sin apenas diálogos, que se reducen a unas cuantas palabras sueltas dichas en el momento adecuado. Cine casi mudo que vuelve a sus orígenes: contar sólo con imágenes nuestras vidas.
La presencia de Jean-Pierre Léaud (no en su mejor papel), de mirada desorbitada, nos remite inevitablemente al Antoine Doinel que siempre fue y nos hace pensar en esta película como una secuela final de la serie que François Truffaut dedicó al personaje. La estética es muy diferente, pero el personaje tiene algunos puntos comunes. Entre ellos, su escaso sentido de la realidad y su origen francés (en la película deja bien claro que no quiere volver a su país). Es como si pudiéramos ver qué ocurrió con él algunos años después. Me ha sorprendido muy gratamente la actriz que lo acompaña, Margi Clarke, cuyo aspecto recuerda intencionadamente al personaje de Kim Novak en Vértigo (Alfred Hitchcock, 1958), lo que le da un aire misterioso que sobrevuela toda la película. Desconocemos su historia. Sólo es una presencia y un sentimiento intuido.
Y, al igual que en El Havre (2011) o en Leningrad Cowboys Go America (1989), y, supongo, en toda su cinematografía, la música tiene mucha importancia. Kaurismäki incorpora a sus películas una banda sonora muy cuidada. En todos los interiores, casas o bares, siempre suenan canciones. En esta ocasión, Billie Holliday, Little Willie John, Carlos Gardel y Joe Strummer, entre otros. Canciones como "Body and Soul" o "Cuesta abajo" son en sí mismas una declaración de intenciones. O como este "Burning Lights", que quiero ahora compartir contigo.
Tras comprar unas gafas de sol (se las vende el propio Kaurismäki), el protagonista entra en un pub y suena esta hermosa canción de Joe Strummer, que nos habla de sueños de infancia que han ido creciendo con nosotros, de largos caminos recorridos y de señales que sólo tú puedes descifrar. Una guitarra eléctrica, algo de percusión y un escenario elemental. Música en estado puro para un cine en estado puro. Como un rayo de sol que entra por la ventana en un día gris.
Some dreams are made for children
But most grow old with us
And when the air can hope to hold on
And to the ground from dust to rust.
Burning lights in the desert
Such a sign only you would know
Your running tyres, they're out of pressure
Such a sign only you would know
And I've been a long haul driver
Moving things but the cops don't know
Now I can see the writing
You are the last of the buffalo
Burning lights in the desert
Such a sign only you would know
Your running tyres, they're out of pressure
Such a sign only you would know.
Now I've been to California
And I've been to New South Wales
Sometimes I, I pull over
When I realise I've left no trace
Burning lights in the desert
Such a sign only you would know
Your running tyres, they're out of pressure
Such a sign only you would know.
No he visto muchas películas de Kaurismäki (ésta no es la mejor), pero he de reconocer que este director finlandés me tiene atrapado. Un cine personal, visualmente poderoso y que llega al corazón.

















